domingo, 25 de febrero de 2007

Treinta años de momentos


Hace treinta años y un dia que llegué al mundo, que abandoné el vientre seguro de mi madre para vivir mi secuencia personal de momentos...

Treinta años de momentos de dicha etérea, de risas fraternales, de lágrimas calientes, de dolor punzante, de besos robados, de vuelos imaginarios, de desesperaciones, desengaños y autoengaños.

Treinta años de ratos de silencios hirientes, de rabia contenida, de deseo inflamable, de falsas expectativas, de fechas caducadas, de recuerdos perdidos, de pasión salvaje, de pudor contenido, de dulces locuras, de retozos en suspiros, de desilusiones desgarradas, de irresponsabilidad responsable y de hiriente honestidad.

Treinta años de instantes de paz serena, de ilusiones sesgadas, de logros dolorosos, de llantos inconsolables, de cárceles imaginarias, cadenas autoimpuestas, de rubores vergonzosos, de manías desquiciantes, de ideas desbocadas, de pieles erizadas, de poros encendidos, de vital excitación.

Treinta años de tiempos de angustia ahogada, de mariposas en el pecho, de tranquilidad que arrulla, de impulsos desbocados, de temores no infundados, de paciencia que impacienta, de soledad reconocida, de sueños estrangulados, de cadencias de melodías, de huellas imborrables, de amor a lo perfecto imperfecto.

Estoy hecha de momentos que mi mirada arroja día a día, que mi cuerpo a veces intenta ignorar y que mi alma grita en un silencio mudo, en gestos cosidos en un velo de inseguridades; pero los momentos me gritan que ésta soy yo... que los silencios no consuelan el desespero del alma... que soy hermosa porque soy yo, ni más ni menos que nadie... que mi vida puede cambiar si resdescubro las cosas con otra mirada, otros ojos... ojalá acoja más momentos que me hagan encontrar mi sitio, no quiero saber quien soy, únicamente QUIERO SER...

sábado, 17 de febrero de 2007

Travesías con Ulises




Me traslado en un vuelo, surcando mi memoria, a mi yo de hace un año... Tropiezo casual de soledades, de dos almas perdidas en sus días... Chispa vital pero ahogada y pudorosa de emociones encontradas...

La espera del encuentro era ansiosa, devoradora... Un tímido instante de explosión interna, mariposas aleteando en el pecho, dedos temblorosos...

Y las horas pasaban leyéndonos, donde los silencios hablaban y las letras acariciaban... Palabras profundas donde nadar y que poco a poco nos descubrían, nos enriquecían, nos ofrecían la esencia de nuestro ser más interior, se desnudaba el alma...

Contemplándonos, hechizados el uno por el otro, nuestras pupilas clavadas en cada leve gesto, en cada sonrisa, en los sentimientos vívidos...
Por ser consciente de los vaivenes locos de nuestra mutua respiración mecidos por la melodía que acariciaba el instante...

Y el sueño se asomaba tímidamente, y se iniciaba la lucha que no podia remediarse, por exprimirle el aliento a cada segundo para entendernos, sentirnos, besarnos y impregnarnos el uno del otro hasta el momento de volver a encontrarnos...

Aquellos días fueron los dueños de mi despertar, de desplegar las alas, de vibrar a flor de piel...
Días de perder por el camino, mientras surcaba las noches con él, mis miedos, de mostrar mi esencia, de sentir el universo sobre mi... de amar sin poseer, de flotar sobre la espuma del mar, de volar más allá en libertad...