domingo, 21 de enero de 2007

Mi Sudeck



Bueno, bueno... parece que después del segundo bloqueo de mi pie, me encuentro un poquito mejor... ya va siendo hora de que empiece a recuperarme, no? Casi cinco meses sin apoyar el pie en el suelo es media vida para mi. Graciosa, pero que muy graciosa, la enfermedad esta. Distrofia simpático-refleja (donde tiene la simpatia? no se la encuentro...), o para ser más "in", enfermedad de Sudeck. Pero un Sudeck con una mala leche, de una agresividad salvaje, que si me descuido me ventila la pierna entera. Menos mal que "sólo" llegó a un tercio de ella. No me imagino, por el dolor que supondría, que me hubiese subido hacia arriba y me hubiese afectado a más órganos. Uffffff...
Pero veo los días sucederse a través de mi ventana sin poder hacer nada, presa de esta enfermedad que cada día se empeña en sorprenderme con sus colores, temperaturas y dolores varios. Una gama increible de sensaciones nada placenteras y que me atan a la cama como una cadena de cien quilos.
Mi amigo Santi tenía razón cuando me echó sus cartas del tarot. Veía a una mujer, un quirófano y desembolso económico importante, a parte de recordarme que mi enfermedad sería un mal lento, que me dejaría postrada sin moverme durante mucho tiempo.
La mujer es mi súperdoctora, optimista, decidida, profesional y humana de las que ya quedan pocas. El quirófano salta a la vista: la tortura de los bloqueos me la practican en quirófano, cerca de las máquinas de reanimación, no sea que al inyectarme la reserpina me dé un jamacuco y entonces sí que sí no vuelvo a pisar el suelo más... y en cuanto al desembolso económico, creo que hace dos años acerté de lleno al tomar la decisión de contratar un seguro médico, el mejor que pudiera haber, aunque ello me supusiera pagar una pasta cada mes para nada, ya que hasta no hace mucho tiempo mi salud era de hierro.
Tendré que llevarle una botellita de buen whiski a Santi la próxima vez que vaya a visitarlo, porque si me adivina más no veas...
En fin... creo que empiezo a vislumbrar la ténue luz del fondo del pozo en el que me he encontrado inmersa durante todo este tiempo. Aunque el pozo ha dado de sí también. Nunca había leído tanto ni me había sentido tan inclinada a estudiar zen, budismo y filosofía. No, si el que se inventó aquello de "No hay mal que por bien no venga" no iba mal desencaminado...

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