Cansada y abatida

Despues de semanas de incertidumbre, preguntándome qué hacer o no, si probar a ver si podía aguantar algunas horas en la oficina, llego a la triste conclusión que aún estoy demasiado dolorida.
Estoy abatida, estoy molida... quizá han sido demasiadas emociones para un día (y eso que no he visto ni a la mitad de compañeros), y ver que todos los proyectos que yo inicié y seguí, ahora estan casi finalizados y las medallas se las llevan otros.
Ni dudar que estoy inmensamente agradecida a aquellos que se han ocupado de esas tareas mientras yo no he estado. La rueda de la vida no se para aunque se detenga la mía, almenos durante algunos meses. Aunque reconozco que me he sentido fuera de lugar, ajena, absorta y hasta espesa para llevar a cabo algunos asuntillos pendientes que sólo yo controlo.
Las oposiciones y la inminente llegada de las elecciones tampoco favorecen nada. Todo el mundo está inquieto, todo el mundo va a lo suyo, o quizá es que todos andan algo "quemaos". Mi enfermedad me destetató a la fuerza de mi trabajo, de lo que me da vida, porque para mi, tener el lujo de trabajar en algo que me gusta (aunque reconozco que no es que los trabajos sean agradables o no, es la actitud con que los asumas), y hacerlo con entusiasmo y ganas de superación y innovación, es el aliento de mis días. Suena masoca, ahora que lo leo, pero es así. Prefiero ser alguien emprendedora, con ideas, con metas y proyectos, que llegar por la mañana al trabajo y esperar cansinamente a que llegue la hora de plegar. Quizá, si no pensara así, no estaría con mi distrofia arrástrandose como una sombra tras de mi...
En fin... quizá es un mal día. Lo que me ha alegrado estos días es que mi hermanilla haya aprobado las opos. Se lo merecía. Cuando yo aprobé mis opos en noviembre, envuelta en las neblinas del dolor y de las lágrimas, me envió un precioso texto que conservaré para siempre, porque realmente me emocionó. Ella se consideraba del primer grupo, y a mi me situaba en el segundo.
Ahora, despues de verla luchar contra viento y marea, no hay duda de que las dos ocupamos el mismo lugar, tenemos el mismo espíritu ante la lucha (somos hermanas, algunos genes los compartimos), y me alegra mucho. Felicidades Patri!!
Están los que usan siempre la misma ropa. Están los que llevan amuletos. Los que hacen promesas. Los que imploran mirando al cielo. Los que creen en supersticiones.
Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas. Los que siguen jugando cuando se acaba el aire. Los que siguen luchando cuando todo parece perdido, como si cada vez fuera la última vez. Convencidos de que la vida misma es un desafío. Sufren. Pero no se quejan.
Porque saben que el dolor pasa. El sudor se seca. El cansancio termina. Pero hay algo que nunca desaparecerá: La satisfacción de haberlo logrado.
En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos. En sus venas corre la misma sangre. Lo que los hace diferentes es su espíritu.
La determinación de alcanzar la cima. Una cima a la que no se llega superando a los demás, sino superándose a uno mismo.

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